En el blog de Aleman Autodidacta tratamos diferentes temas relacionados al idioma alemán y a la cultura de los países germanohablantes.
nov, 11 por Juan en Lectura
En un libro de texto (Kursbuch) para aprender alemán encontré hace poco una página enteramente dedicada a las onomatopeyas. Wow!, Auja! Mmmh!, Igittigitt!, Oje! Ach so! Cada una de ellas correspondía a la expresión particular de un estado de ánimo: ya sea sorpresa, asombro, asco, etc.
En otra época esta aclaración acerca de las onomatopeyas hubiera sido completamente inconcebible. Eran consideradas como algo superfluo, que no pertenecía enteramente al ámbito de la lengua. Sin embargo, ya aparecen como un eje problemático en el Curso de lingüística general. El lingüista suizo, Saussure, aborda este tema y menciona a las onomatopeyas como uno de los argumentos que demostrarían la arbitrariedad del lenguaje:
“Se podría uno apoyar en las onomatopeyas para decir que la elección del significante no siempre es arbitraria. Pero las onomatopeyas nunca son elementos orgánicos de un sistema lingüístico. […] En cuanto a las onomatopeyas auténticas (las del tipo glu-glu, tic-tac, etc.), no solamente son escasas, sino que su elección ya es arbitraria en cierta medida, porque no son más que la imitación aproximada y ya medio convencional de ciertos ruidos (cfr. francés ouaoua y alemán wauwau, español guauguau). Además, una vez introducidas en la lengua, quedan más o menos engranadas en la evolución fonética, morfológica etc., que sufren otras palabras (cfr. pigeon, del latín vulgar piopio, derivado de una onomatopeya): prueba evidente de que ha perdido algo de su carácter primero para adquirir el del signo lingüístico en general, que es inmotivado.”1
Las onomatopeyas son parte del sistema lingüístico, son formas convencionales, que varían de lengua en lengua. En este sentido, aquella página enteramente dedicada al tema resulta interesante. Las onomatopeyas en alemán son bastante distintas a las del español. Exclamar ‘Igitt!’ es muy diferente a decir ‘¡Puaj!’ para indicar que algo es asqueroso.
Aprender estas pequeñas expresiones es un modo, entonces, de incorporar la cultura alemana. Las onomatopeyas no sólo trabajan con la sonoridad del lenguaje, sino que además asocian determinados sonidos a un significado particular. Para un alemán esta asociación es inconsciente, sin embargo, para los que aprendemos el idioma es preciso volverla consciente. Pues a menudo la lengua oral está plagada de estas pequeñas palabras que nos ayudan a expresar una idea particular.
Mercedes Coll
1 Ferdinand de Suassure, Curso de lingüística general, Buenos Aires, Losada, 2001. pags. 94/95
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