En el blog de Aleman Autodidacta tratamos diferentes temas relacionados al idioma alemán y a la cultura de los países germanohablantes.
sep, 10 por Juan en Cultura
Dentro del ámbito literario, el término “Romanticismo” tiene una amplia gama de acepciones, puede utilizarse en sentido estricto, para referirse a un determinado tipo de obras literarias, o en un sentido más amplio, para referirse a un amplio tipo de sensibilidad. Sin embargo, el Romanticismo resulta ser uno de los períodos más prolíficos de la literatura, sobre todo, para Alemania, su cuna.
¿De dónde proviene el término “Romanticismo”? Derivado del término “roman”, que tanto en alemán, como en francés e italinano significa “novela”, el Romanticismo toma este como género característico a fines del siglo XVIII, cuando aún era considerado un género menor. De algún modo la novela se presenta como aquel género capaz de incorporar a otros dentro se su contexto, asimila e integra en ella cuentos, poemas, cartas, fábulas, etc.
Pero más allá de las cuestiones formales, el Romanticismo postula como eje el rechazo de la civilización moderna y la inclinación hacia la naturaleza interna y externa del hombre, y hacia las formas de tiempos pasados como el medioevo. De hecho, el “romance” como género literario es una composición épica de la Edad Media, como el poema del Mio Cid o la Chanson de Roland. De allí que, cuando un autor como Heine ante la pregunta ¿qué es la escuela romántica?, la respuesta sea: “no fue ni más ni menos que el nuevo despertar de la poesía de la Edad Media, tal como se había manifestado en sus cantos, sus obras plásticas, y arquitectónicas, en el arte y en la vida.”1
En un sentido más histórico, el Romanticismo representa una corriente literaria de fines de siglo XVIII, que fue desarrollándose en diversas ciudades en torno a diversas influencias: ya sea filosóficas, provenientes del Idealismo alemán o de la figura de Fichte, o influencias políticas, que se manifestaron fuertemente en la adhesión al espíritu de la revolución francesa. Surgieron así diferentes focos dentro de Alemania: el Círculo berlinés (entre cuyos miembros encontramos a Hoffmann, Chamisso), el círculo de Jena (en el que participaron los hermanos Schlegel, Novalis), el de Heidelberg (de Eichendorff, los hermanos Grimm), el de Dresde y el de Munich. El vínculo común de estos distintos grupos era la idea de un cambio del tipo social, que desde la Revolución Francesa dejó una profunda huella en tierras alemanas, un espíritu juvenil revolucionario.
Los esfuerzos por recuperar las canciones populares, de transmisión oral, las leyendas y cuentos nacionales, de tradición medieval, revelan esa necesidad de rescatar una tradicion alemana perdida. Pero también revelan un tipo de sensibilidad que se afinca más que nada en los ragos populares y folklóricos de un pueblo. Lo que se trata de recuperar es una tradición nacional. El romanticismo se postula como un medio para unificar esa tradición y para otorgarle un significado a la historia, a aquello que ha caído en el olvido. Por eso es que siempre se dice que la pregunta por el origen, ¿de dónde venimos?, es la gran pregunta del romanticismo. Y esta pregunta es finalmente la que va a reinar en el siglo XIX y se va a asimilar a otras disciplinas como por ejemplo la lingüística histórico-comparativa, e incluso la teoría darwineana del origen del hombre.
Mercedes Coll
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