En el blog de Aleman Autodidacta tratamos diferentes temas relacionados al idioma alemán y a la cultura de los países germanohablantes.
feb, 11 por Juan en Literatura
Descubrí a Christa Wolf a través del mundo griego, con una de sus novelas menos conocidas: Casandra. Casandra, la que anunció la caída de Troya, pero los troyanos se burlaron de ella. Esta lectura se postulaba como un texto completamente moderno para contraponer a la lectura de la Ilíada de Homero. Era para mí una completa desconocida. Sin embargo, no fui solo yo quien la desconocía sino muchos otros.
La literatura que se gestó en la RDA era y aún hoy es poco conocida. Se dice que Christa Wolf se hizo conocida “de la noche a la mañana” a través de la breve novela Der geleilte Himmel (El cielo dividido). En principio, esta novela se trata de una historia sobre la construcción del muro y la división de Alemania; sin embargo, la autora aclara: “el tema fundamental no era la división de Alemania sino la cuestión: ¿por qué la gente tiene que separarse?”. Pues ante un aparato de estado tan prominente como el socialista, había un plano que había quedado olvidado: el humano. Y es este plano el que esta escritora rescata.
La autora, nacida en Landsberg en 1929, forma parte de una generación capaz de atestiguar una experiencia como el Nazismo, la guerra, el exilio y el Stalinismo. Sus inicios como escritora se remontan a los años 60. Pero su vínculo con la literatura es mucho más arcaico, antes de dedicarse a escribir novelas y ensayos trabajó como lectora y editora.
Ningún otro escritor de la RDA se alimentó tanto de la propia experiencia, confesando que la realidad ya no es algo natural, acabado y simplemente representable. Más allá de su valor testimonial, la obra de esta autora tiene especial relevancia por el modo en que la escritura se concibe como un modo de reflexión introspectiva. Más que una dimensión real, se preocupa por el modo de reflejar en su escritura una “autenticidad subjetiva”, allí donde nace el sentimiento más humano. Esta forma de concebir la escritura resulta llamativa si se la piensa dentro de su contexto histórico. La RDA había quedado sumergida, al igual que el resto de los estados socialistas, bajo el mandato de escritura propagado desde Moscú: el realismo socialista.
En Casandra la autora construye una analogía entre los episodios narrados en la Ilíada y el período de la guerra fría. ¿Cómo vincular episodios históricamente tan lejanos? La guerra y un futuro incierto. Estos son para el hombre siempre los mismos:
“No veía nada. Abrumada por el don de la profecía, era ciega. Sólo veía lo que tenía delante, prácticamente nada. Mi vida estaba determinada por el año del dios y las exigencias del palacio. Se podría decir también: oprimida. No conocía otra. Vivía de un acontecimiento en otro, acontecimiento que, al parecer, componían la historia de la casa real. Acontecimientos que hacían ansiar siempre nuevos acontecimientos, y finalmente la guerra.
Creo que eso fue lo primero que pude penetrar con la mirada” (Wolf, Christa, Casandra, Madrid, Diario el País, 2005)
De esa mirada particular es que surge esa universalidad de la condición humana y allí radica el valor de su escritura.
Mercedes Coll
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