En el blog de Aleman Autodidacta tratamos diferentes temas relacionados al idioma alemán y a la cultura de los países germanohablantes.
feb, 12 por Juan en Historia
Paris ha sido considerada usualmente la meca de los artistas. Para ser coronado como escritor, había que ser reconocido por los críticos franceses. Allí habían encontrado la fama no sólo los escritores decimonónicos, sino también una gran cantidad de vanguardistas.
Berlín, en cambio, se presenta como una ciudad completamente diferente. Es una metrópoli teñida, ante todo, por la industria y el desarrollo tecnológico. Sin embargo, con el comienzo del siglo XX Berlín vio florecer en su seno a la vanguardia. Ahora bien, Berlín funcionaba entonces como un punto de encuentro entre la Europa del Este y la del Oeste, entre el capitalismo y el comunismo. Eran dos fuerzas en pugna, pues a partir de los sucesos ocasionados durante la Primera Guerra Mundial una parte de los escritores se habían convertido en revolucionarios. De hecho, Brecht fue uno de ellos.
En un libro titulado Berlín 1919-1933 se cuenta que “Brecht no descubre Berlín hasta 1920-1921 en varios viajes y estancias. No tiene mucho más de veinte años y su nombre va ligado a la fama de una prometedora carrera teatral. Pero ¿dónde es posible triunfar? ¡Sólo Berlín se presta a todas las posibilidades! Así pues, parte con la intención de proponer un drama, Baal, a Max Reinhardt, que lo rechaza. La miserable vida que se ve obligado a llevar, sin apenas comer y viviendo en un cuchitril gélido, le obliga a cambiar de aires. […] Sin embargo, en 1924 se instala definitivamente en esta ciudad donde ha estado a punto de morir y se hace berlinés”1.
Para Brecht la ciudad encarnaba una fuerza desconocida hasta entonces, muy vinculada a las multitudes y a los grandes cambios históricos. Al igual que había sucedido con las barricadas de París en 1848, Brecht suponía que Berlín sería el escenario de otros nuevos cambios en el siglo XX. Sus obras, que apuntan al gran público, buscan transmitir aquel espíritu de cambio.
A partir de su posición política vinculada al marxismo, Brecht desarrolló una concepción del teatro completamente nueva. A diferencia de la poética aristotélica que promulgaba la inmersión del espectador dentro de la obra, el dramaturgo desarrolló una teoría del distanciamiento. Es decir, lo que propone no es una contemplación lírica de las escenas de una obra, sino un estado de plenitud de consciencia donde las elecciones humanas y morales estén presentes a lo largo del desarrollo escénico.
En la teoría de B. Brecht el papel del receptor es activo, la realidad no debe ser solo conocida sino también transformada. El público está más abierto a la experimentación de nuevas formas, y lo ejemplifica al decir: “el pueblo, que utiliza a los poetas, a algunos de ellos, como órganos de expresión suyos, desea que su voz sea tenida en cuenta, no que se le regalen los oídos (…) esta tanto y tan poco interesado en la forma de la novela como en la forma de gobierno”2.
La obra de Brecht sólo puede ser concebida a partir de Berlín, de las grandes ciudades, las fábricas, el proletariado y el mito revolucionario. Pero es la ciudad, la que le provee el escenario principal tanto político como cultural. Y así como París en el siglo XIX fue una de las grandes metrópolis que dio origen tanto a grandes escritores como Víctor Hugo, Berlín cobija las ideas y los sucesos más determinantes en el siglo XX.
Mercedes Coll
1 Richard, Lionel, Berlín 1919-1933, gigantismo, crisis social y vanguardia: la máxima encarnación de la modernidad, Madrid, Alianza, 1993. Pag. 37
2 Berlot Brecht, “El compromiso en literatura y arte” en Formalismo y realismo, s.d., ediciones Península, pag. 234
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